La mente humana y el intelecto colectivo

Que producto más increíble el que la vida ha generado. La mente humana es un potente generador de ideas que la vida posee, y aunque tiene carácter individual, en las propias ideas adquiere carácter colectivo, lo que alimenta nuestra gran antorcha. Pero, qué estructura anatómica y fisiológica más acertada.

La evolución le ha dado al cerebro capas progresivas, las internas que permiten sostener al ser, y las que cubren el cerebro primitivo, grandemente interconectadas y poseedoras de una gran información adquirida y transmisión del pasado, generan pensamiento inteligente, belleza natural, maldad, bondad, creatividad, predicción y sentimiento.

Aunque otras especies también las pueden poseer en menor medida, nada más impresionante y más divino que la mente humana. Sabemos ciertamente que su verdadera capacidad está aún por explotar, pero qué maravillosas creaciones nos viene obsequiando la mente humana desde la más remota antigüedad. También, cuanta maldad terrible aplicó y sigue generando. Que horrible cuando la mente se desestructura y queda apartada. Qué horrible su desesperación y su angustia. Pero, al mismo tiempo, menudo fermento para hacer crecer a la humanidad… o para destruirla sin miramientos.

Pensar…, esa necesidad, esa esencia de nuestro ser es, a la vez, la más grande de las características que diferencian al ser humano junto a la más penosa de nuestras condiciones. El pensamiento eleva pero también destruye. En la historia de la evolución del pensamiento son demasiado frecuentes los periodos de confrontación e irracionalidad, lo que retrasa y dificulta su propia evolución.

Hoy día no somos aún conscientes del valor que tendría el consenso y la armonía en el pensamiento humano. Nada es más libre que el pensamiento, pero a la vez no hay nada más sojuzgado. La imposición de las ideas de unos pocos siempre ha ido apagando la espontaneidad del pensamiento individual de la mayoría. Adquirir la auténtica libertad del pensamiento propio es un reto para la vida de cada persona, pero qué difícil es…El pensamiento libre es etéreo, aunque se basa en el conocimiento, en el saber, en el acervo de la historia. Que las ideas que genera el pensamiento alcanzaran cierto grado de consenso entre las generaciones vivientes ya sería un gran paso para la humanidad, pero nada más desesperanzador que la realidad que vivimos al comienzo de un nuevo milenio.

Las ideas son buenas si benefician al conjunto y malas si retrogradan la evolución, si buscan supremacías. Ya va siendo hora de saber discernir. Sin embargo, las primeras se debaten en la cancha de las segundas, y en clara minoría. Aunque las muy buenas siempre alcanzan, la gran mayoría sucumbe, enlenteciéndose así la evolución del pensamiento humano. Si consiguiéramos que lo caduco no se replanteara, si los egoísmos y las diferencias desaparecieran y el planeta se homogeneizara…, lograríamos que solo las buenas ideas compitiesen en la cancha, garantía de aceleración y de triunfo colectivo. Ese etéreo pensamiento libre, fluye del interior y no responde al bombardeo de influencias. Dejarlo salir y fomentarlo, ayudaría. Sin influencias externas, el pensamiento libre siempre llevaría a la armonía entre los seres. Pero ¿cómo se piensa individualmente en el vivir de cada día?. Si el pensamiento lo abandonamos a su destino es tentador dejarse arrastrar y seguir las leyes de “lo que pasa”, pura circunstancia del pensamiento y de la vida de las personas. Pero si, ajeno a las circunstancias, el pensamiento fluye libre, con la información actual en nuestras manos, no hay más sendero que el de la cohesión intercelular.

Pero hablemos primero de la consciencia individual para ir después a la colectiva. Cuando pienso en la complejidad de mi mente, por un lado me echo a temblar y por otro me maravillo, sin poder explicar ni una cosa ni la otra. Nuestra mente tiene la capacidad de controlar nuestro medio interno, es decir, sin darnos cuenta nuestro cerebro controla todas las funciones de nuestro organismo vivo, coordina nuestros movimientos y nos relaciona conscientemente con el mundo exterior. Pero además, nuestra mente es en todo momento poseedora de identidad y percepción de cada una de nuestras células y su funcionamiento, sin que en ello pongamos atención por lo consolidado de la unión. Esto hace mucho tiempo que se adquirió en el mundo animal y posiblemente en el vegetal. Pero ¿qué es lo que diferencia a la mente humana?. Algo sublime nos ha llegado evolutivamente, para adquirir consciencia, pensar, soñar y proyectar la vida hacia el infinito desconocido. Mientras tanto, el desarrollo de habilidades mentales no cesa y quiero pensar que este crecimiento es un proyecto de la naturaleza para alcanzar algo que no entendemos, pero cargado de sentido. Creo que en cada mente humana hay capacidades ocultas ilimitadas que esperan un día para surgir. Quizás estas capacidades ocultas se sienten abrumadas por tanta interconexión, por tanta confluencia de meros impulsos eléctricos cargados de información. Quizás nosotros, con nuestra perplejidad, solo estemos preparando el camino para que las mentes humanas del futuro saquen buen partido de tanta información. Lo cierto es que lo que asombra más es la inmensidad del pensamiento humano y su elaboración, sean ambos lógicos o no. Lo que viene a nuestra mente en cada momento muchas veces desconcierta. ¿De donde viene este pensamiento que me asedia?, uno se pregunta muchas veces. Qué dificultades para comprenderlo, concretarlo y expresarlo. Muchas veces, mejor no darle salida y que quede en el disco duro. Con el tiempo quizás tenga sentido. Es precisamente nuestro pensamiento abstracto y subliminal el que más importancia tiene, por ser producto no del aprendizaje sino de la esencia interior elaborada. Esencia interior, ¿qué querré expresar con esto?. Yo creo que aunque todos los seres son iguales, cada cual siente interiormente una esencia propia  que, aunque similar a otras, es genuina y puede en potencia desarrollar. Si queremos que salga, siempre nos creará problemas, pero el que lo permite se alegra al final de descubrir lo que dentro lleva sin saberlo. Si nos asusta, lo acallamos y sepultamos para vivir tranquilos, para ser seres grises y homogéneos, más adaptables a la sociedad en construcción. Así siempre lo han querido los poderes. Pero sin duda ha sido el desarrollo aislado de capacidades individuales lo que ha permitido su utilización colectiva.

Curiosa situación la que se da en nuestras mentes. Por un lado, creemos que convendría que todos nos homogeneizáramos para facilitar la construcción del gran ser, para ser simples células de soporte. Por otro, es preciso fomentar la creatividad individual diferenciada, para dar paso a las grandes transformaciones, como siempre ocurrió en la naturaleza. Sin entender el por qué de nuestro pensamiento activo, es preciso aceptar que nace de la naturaleza, la que lo ha hecho posible. Por tanto, algún sentido tendrá aunque resulte erróneo. La naturaleza es sabia, aprende y corrige siempre el error o abandona esa mínima gemación o arborización. Es nuestra mente, en el vehículo del cuerpo, la que nos lleva por los senderos de la vida tomando continuamente decisiones, avanzando y aprendiendo, estrellándonos y recuperándonos, riendo y llorando, justo lo que la vida da en el fluir de sus ríos. Pero cada uno de nuestros pensamientos durante el recorrido de nuestra vida nace para contribuir, como mensaje implícito del multi-intento que guía siempre a la naturaleza para progresar en su evolución. Si es útil y copiativa la idea generada y además triunfa, cada uno de nosotros la incorpora, como si propia hubiera sido, y ya la transmite siempre en su descendencia. La naturaleza siempre actúa seleccionando lo mejor de todo aquello que genera, de todo lo que ella intenta o prueba. Como digo, no le importa nada equivocarse, pues rectifica o abandona.

Nuestro pensamiento individual es pues siempre un mero y pequeño intento de progresión de la naturaleza. Salga de donde salga, que maravilloso cualquier pensamiento o sentimiento que brota del interior, aunque al final no sirva para nada. En esta continua adaptación transcurre nuestra corta vida. Yo seguí el método que la naturaleza me transmitió. Mis errores los traté de corregir o los abandoné. Mis pocas habilidades siempre las transmití con humildad, por no ser producto mío sino de la naturaleza. Se que si es útil, lo es para todos. De manera que en el camino sigo, disfrutando cada vez más de los logros de la mente humana colectiva. Me maravilla su evolución. Se bien que al morir y ya no pensar, nada de mi individualidad que ya vivió habrá significado algo. Pero conforta el pensar que continuaré vivo en la mente colectiva.

Y es que quizás lo que la naturaleza persigue es eso, dotar e impulsar a la humanidad, y a la vida en el planeta en general, de una mente colectiva que sepa guiar el camino. El pensamiento colectivo es nuestro gran acervo, el de todos sin excepción. Todo lo que la humanidad ha adquirido a lo largo de su evolución. El arte, la literatura, la música, la filosofía, la ciencia y todo el saber adquirido nos pertenece a todos pero no es propiedad de nadie, aunque su adquisición haya requerido la creatividad individual. Pero la información buena que llega es incorporada y transmitida a la mente colectiva. Si perdura en ella es que es válida o bella, luego queda incorporada a la colección de procesos efectivos acumulados. Esta maravillosa mente colectiva que hoy día tenemos no cesa tampoco de progresar y de buscar. El pensamiento colectivo está más productivo que nunca en la historia de la humanidad y ese enriquecimiento nos pertenece a todos, los vivos, los muertos y los que están por llegar. Al relevo que reciban también perteneceremos los que tuvimos el pensamiento despierto para desarrollarlo, por efímero e insustancial que nuestro paso por la vida sea.

Por todo ello, viva la mente humana, porque al transmitirse ha conseguido la inmortalidad. Lo que con ella hagamos debiera obedecer a un procesamiento adecuado de toda la información acumulada, para dirigir con inteligencia colectiva nuestra evolución. Es por esto por lo que precisamos una inteligencia colectiva que sepa madurar como si de un cerebro individual se tratara. Hay que abortar los errores o abandonarlos, para progresar en lo eficaz e incorporarlo, como siempre la naturaleza hace.

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