THE EVOLVING PLAN: PARTE II

 1.- Avances, frenos y retrocesos evolutivos 

-Los aciertos y los errores que la vida más avanzada nos va deparando-

Si el intelecto colectivo está sujeto a la evolución del acontecer, la Historia es la narradora de la ruta y nos la demuestra claramente, ya que el pensamiento evoluciona con curvaturas entre lo que se consolida y aquello que hace retroceder.

Se avanza y se retrocede, no hay más que repasar en  la Historia de la humanidad. Los errores evolutivos se suceden y los frenos al avance quedan documentados. Los errores pueden entenderse, porque simplemente suceden, porque en ellos se cae. Pero una vez descubiertos y analizados por los historiadores, no es entendible su reiteración y ofuscación colectiva de unos pocos que se empeñan en repetir lo obsoleto.

Pero hablemos también de los progresos que la vida consciente ha ido alcanzando. El progreso es siempre generado por la virtud y el conocimiento insaciable de la especie. Pero también el progreso lleva a errores, desviaciones o pérdidas de valores. La mente colectiva evoluciona muy lentamente, en general, aunque a veces se acelere de forma insólita y otras dormite por los tiempos.

Estamos en una fase de la Historia en la que había que aprovechar el conocimiento para infringir mayor velocidad al progreso evolutivo de nuestra gran mente común. Las tendencias unitarias han sido siempre la norma. Los seres humanos tendemos a unirnos, pero los lazos no acaban de dirigirnos a la unidad. Puede ser necesario el error para avanzar en el progreso pero, repito, una vez asumido, no es lógica la insistencia ni la repetición, algo que con frecuencia martiriza y frena nuestro progreso.

Somos el único animal que tropieza 2 veces o más en la misma piedra…Pero veamos cuáles son algunos de los progresos y lastres en nuestra evolución social. Comenzaremos por el dulce fermento del amor, seguiremos con el peso de las religiones, las asociaciones, la política, junto a consideraciones sobre la sociología y los comportamientos. Progresos y retrocesos, en definitiva. Mecanismos que la vida emplea. Solo unos pocos de ellos, aunque claves, a mi juicio, en el desarrollo evolutivo del intelecto colectivo.

El amor

1.- El amor es un logro del intelecto que, aún basándose en los sentidos, tanto del mundo animal como del espiritual, permite la unión entre los seres de una forma mágica.

Aunque pueda ser temporal el nexo, los seres enamorados alcanzan un grado de fusión entre dos difícil de alcanzar por otras convicciones. Esta unión mágica puede obedecer a un mecanismo evolutivo con pretensiones de fusión entre dos. ¿Qué tiene de extraño que surja este tipo de fuerza atractiva entre los seres?…

Al igual que los intentos de los seres unicelulares que buscaron la forma de organizarse uno dentro del otro en lugar de ser devorados,  la fusión e intercambio de seres en armonía no solo genera el mayor grado de felicidad alcanzado en las personas, sino que encierra claves de cómo puede llegar a ser la unanimidad de los seres vivos.

Quizás sean fases aún muy primitivas pero yo creo que sería maravilloso e idílico un mundo en el que todos sintiéramos esa atracción con todos, una fuerza que nos  juntara, un imán  inexplicable…, tan inexplicable como el que surge entre dos seres que se aman con pasión.

Quizás por algo la Naturaleza tiene que empezar. Un mundo en el que todos nos atrajéramos impediría nuestras tensiones, las agresiones y las guerras…No se puede guerrear con quien nos atrae y a quien amamos. Se le puede marginar, si es obstinado en repeler, pero pegarle no. Y no estoy hablando del falso amor en el que predomina el egoísmo, el machismo y feminismo o los celos cagalones y posesivos. Para ese tipo de “no amor”, mierda.

El amor terrenal es el motor de la vida en el planeta, es la energía que mantiene la llama. Podemos amar las personas, los animales, las flores, los árboles y los vegetales, las cosas inertes y los espacios. Podemos amar la naturaleza, la poesía, la música, el arte, la ciencia, el saber, las ideas, el pensamiento y hasta al Córdoba CF y al Real Madrid. Podemos amar las ciudades, las gentes, amar sus diferencias, sus culturas. Podemos amar el Universo y sentirnos dentro de él. Podemos amarnos a nosotros mismos y, aunque está bien la autoestima, el amor egocéntrico es el peor y más grotesco de los amores.

Por el contrario, podemos dar amor y cariño a quien nos rodea, a los coetáneos y a los antepasados,  tratar de comprender los errores de su tiempo, identificarnos con toda la Historia que nos precede y que de alguna forma nos determina, podemos amar la vida que nos sustenta, podemos amar el amor… Cada acto de amor, por pequeño que sea, genera energía vital, contribuye al combustible común que sostiene la llama.

Avances, frenos y retrocesos evolutivos- El amor

Si el amor imperara en el planeta, la energía se multiplicaría sin límite. Si aún hay amor en la tierra es porque resiste la energía de signo opuesto. Este tipo de amor que describo es el que se siente y se da unilateralmente, es decir, nosotros podemos amar la Naturaleza pero esta parece que ni repara en nosotros; es en realidad un espejismo, el secreto sería sentirse dentro de ella, con lo cual no es necesario nada mas. Pero se trata de un amor cultivado, más bien producto  de la sensibilidad individual y de la cultura, aunque su goce puede llegar a ser incalculable. Este tipo de amor consciente es una opción para todos, aunque desgraciadamente no todos la cultivamos,  y como toda energía tiene grados diferentes de temperatura; hay quien es proclive a ir incrementando esa capacidad y temperatura a lo largo de su vida y hay quien se queja permanentemente de cosas existentes, como la ley de la gravedad,  y no fomenta su capacidad de amar.

Pero hay otro amor que es mágico y no voluntario que simplemente sucede. La aparición del enamoramiento entre las personas es un extraño proceso loco que surge entre dos seres y que les conecta de tal forma que hace saltar una chispa entre ambos. Sin saber cómo, ocurre algo no explicable que genera atracción entre los dos, y cada uno por separado se ve envuelto en un halo misterioso, que le lleva y le trae, le eleva sin gravedad alguna y le hace verse desde fuera. Las cosas se vuelven mágicas y el acontecer  más  nimio se engrandece ante sus ojos que lo contemplan de forma diferente.

Cambia la vida y todo se hace armónico. Se encienden los sentidos y la capacidad de ver la belleza allí donde la hay, es decir en todas partes. El amor potencia nuestras capacidades. Se oye y se huele mejor y el tacto y la vista adquieren emisión. Se enciende también la pasión que se adorna con un sentimiento que brota. En su climax se derrocha la ternura y hay obsesión por la entrega, afán por compartir riego, fusión de cuerpos y almas y alta energía vital, no hay nada más. En ocasiones, eso llega a resultar el cielo. Los rostros en esas fases se hacen límpidos, casi transparentes…solo existe el interior, los pensamientos coinciden y se entrecruzan, y hablar resulta superfluo.

Sumergirse en el mundo de los sentidos para poder acariciarlos y mimarlos es el afán de uno, la repuesta es siempre tierna y clara desde el corazón. El tiempo se detiene o avanza a gran velocidad, no lo sé, podría decirse que no existe en esos momentos, aunque en  realidad  ocurre que se curva por el amor desprendido, como hace la luz en la Relatividad. Tampoco el espacio es, pues sus dimensiones y ubicación  son meras circunstancias. Como si del mundo de los sueños se tratara, amor etéreo y profundo, sin la coraza de los comportamientos, brote genuino del ser para visionar estados de un más allá alcanzable…, por el hecho de soñarlo. Eso es lo que puede llegar a ocurrir en esas situaciones. Una vez en este estado, se minimiza el resto de la vida y se entra en una dimensión diferente que hay que hacerla convivir con la vida real, aquella que les observa como idiotas. La bondad se exacerba y los egoísmos disminuyen en unos, desaparecen en pocos.

Esta conexión  no solo es telepática sino que en ocasiones puede generar pensamiento común, unidad de dos. La atracción,  admiración y respeto del uno por el otro domina y se desarrolla y un sueño, querido o no, surge entre ambos. La luz intensa brota…Su duración y evolución no es conocida todavía, pero acabe en lo que acabe, la intensidad que proporciona nos enaltece y nos hace vibrar, nos mejora el sentimiento y nos riega el alma con la sustancia invisible de la vida, para hacerla florecer.

El amor es el más tierno fermento de la naturaleza para fomentar la unión entre los seres. Conlleva además respeto, algo sustancial en la conexión entre humanos. Una clara tendencia apunta en el camino. Deberíamos fomentarla de corazón.

Sin embargo, en el verdadero amor también surgen problemas ya que evoluciona con el tiempo, al igual que las personas. Si estas evolucionan en paralelo, el amor perdura. Si se diverge, el amor termina. Las trabas de la evolución en el amor son precisamente la afección de otras personas en el proceso, la pérdida del respeto, la infidelidad, la posesión, lo limitado de los comportamientos establecidos, la mentira y los egoísmos inconscientes…todo un complejo cocktail  muy difícil de superar.

Pero es claro, el amor entre los seres no es solo un deleite sino que parece un claro propósito del intelecto inconsciente, fruto de la naturaleza. Algo que, sin duda, no es un camino erróneo en su diseño y que incide netamente en la evolución de los seres. El amor entre las personas es el acuerdo básico del que partir. La naturaleza lo sabe y así lo intenta. ¿Qué querrá que hagamos?…¿Qué tendremos que hacer para fomentarlo colectivamente?

También el amor familiar es un intento de la vida para fortalecer lazos de identidad entre los seres. Se pueden observar comportamientos familiares entre los animales muy similares a los nuestros, pero los seres humanos hemos desarrollado extraordinariamente ese nexo para constituir con él los pilares de la sociedad.

Con la potencia de la genética común, los componentes familiares comparten unos objetivos y un tiempo de vida en común, casi siempre un gran calor y cariño de por  vida. Aunque el mundo espera para la descendencia, el núcleo de la familia es siempre el punto de referencia, la antorcha que transmitir, el nexo de identidad. Aunque se puede vivir fuera de él, qué bueno sentirse en él. Si grande es el amor y entrega a nuestros progenitores, qué podemos decir de los que adquirimos hacia nuestra descendencia. Imposible de intuir hasta que llega. Qué increíble obsesión protectora y afán de proyección se nos despierta al ser padres. Qué grado de identificación más maravillosa se genera hacia nuestros hijos. Qué bonita forma de transmisión.

Y qué decir de los hermanos…, solo amor e identificación.  Me ocurrió con los míos y veo lo mismo suceder entre mis hijos. Un nexo incomparable. De nuevo, qué gran intento de la naturaleza, qué fuerte apuesta siempre, aún con todas sus debilidades que la vida ejerce en tantos.

Aunque la familia no es el fin, ayuda y enseña mucho en el asociacionismo entre los seres y arropa y da calor humano, da también amor, mucho amor e identificación, enseña a unirse. Algo insólito, porque es pertenencia no ejercida y profunda proyección en la unión entre las personas. Además, es algo que se prolonga tras ausencias muy sentidas. Yo lo siento así, mis padres están en mí y yo les percibo, sigo con placer sus mandatos genéticos y con ellos me sigo identificando. Vivirán siempre en mí.

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