El 50 aniversario del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba

Artículo publicado en el diario ABC de Córdoba el día 09-04-2026

Se cumple medio siglo del comienzo del Hospital Reina Sofía hospital del franquismo, denominado en principio Ciudad Sanitaria Reina Sofía’ por ser un gran centro médico regional. Con este motivo se organizan diferentes actos conmemorativos. Los organizadores, con pomposos actos de exaltación, dejan claro la carencia absoluta de sensibilidad hacia aquellos profesionales que fueron los auténticos fundadores del hospital y que construyeron su historia desde la nada. Aquellos que forjaron sus comienzos e hicieron posible que el hospital – en pocos años alcanzara las cotas más altas en nuestro país, en cuanto a gestión, economía, programas especiales у desarrollo de todas las especialidades.
También su calidad sonó con fuerza en los medios científicos internacionales, merced a las múltiples aportaciones científicas que salieron desde ese incipiente hospital. Estos profesionales fundadores conservan en su mente de forma nítida la historia de todo lo que se consiguió con esfuerzo y tesón sin límites, lo que no puede ser ignorado por los organizadores que no vivieron esa experiencia. En 1975, solo había en Córdoba un hospital público, el Teniente Coronel Noreña. De manera que cuando llegamos los primeros profesionales no había nada y partíamos de cero en todo. Por no haber, no había ni hermandad de donantes de sangre por lo que la hemoterapia era mercenaria y carente de una donación altruista. Era frecuente el tener que remitir a Madrid o Sevilla determinados pacientes por falta de medios.
Este flujo se fue invirtiendo con el tiempo. Muchos pacientes de toda España, (cuando esto era aún posible), querían ser tratados en el Hospital Reina Sofía de Córdoba. La misma Reina de Arabia Saudí, mientras pasaba el verano en Marbella, acudió a Córdoba para ser tratada de un problema cardíaco por recomendación del doctor Valentín Fuster: El entonces gerente no se lo creía, hasta que recibió una llamada de la casa real española. Trasladada en helicóptero ingresó en el hospital y fue tratada con éxito.
La primera década del hospital (1976-1986) fue decisiva y resultaron años imprescindibles. Al comienzo se trabajó profesionalmente en la dotación del hospital. Sabíamos lo que queríamos, negociamos y presionamos a los Servicios Centrales del INP de Madrid. Se consiguió el famoso plan 19 que dotó adecuadamente a todos los servicios del centro. Desde ese momento el crecimiento fue fantástico. Años decisivos para construir los equipos humanos; en los que la conexión inter-servicios y con la administración era una característica de colaboración y ayuda mutua que acabó creando el ‘Espíritu Reina Sofía, admirado en toda la ciudad.
Ante el apabullante avance en los conocimientos médicos en esa época, optamos por aprender de nuestra experiencia. Fueron muchas las aportaciones científicas. En la década de los 80, se iniciaron los programas de trasplante de progenitores hematopoyéticos (antes de médula ósea). Después, el trasplante renal, cardíaco, hepático y pulmonar con excelentes resultados, siendo el primer hospital de España en emplear la Ciclosporina A. Hubo trabajos pioneros en el tratamiento del infarto agudo de miocardio, con la trombolisis intracoronaria (Hematología-Cardiología), y en 1993 fuimos el primer centro del mundo en implantar un stent en la fase precoz del infarto de miocardio. Hoy día es aceptado como el tratamiento de elección, entonces fue considerado una locura. Al acabar la década prodigiosa, con las transferencias
autonómicas pasamos de un centralismo experimentado y dialogante en Madrid a un centralismo en Sevilla carente de experiencia. Esto dio lugar a improvisación de gestores, cuyo conocimiento y experiencia brillaban por su ausencia. Estaban, en cambio, excesivamente politizados. Resultado parón en el mantenimiento de nuestro hospital. Córdoba era maltratada por el SAS. Los servicios centrales presumían de tener un gran Hospital Reina Sofía, siendo a la vez el que menos costaba. Fue nombrado hospital del año, pero en él no se invertía ni se mantenía. La nefasta gestión económica de ahorro generaba muy escasas plantillas, los sanitarios éramos los mismos con más trabajo, un agravio laboral intolerable. Pero peor aún eran el colapso de Consultas, Esterilización, la Lavandería, Túnel de Servicios eléctricos, etc. Había una protesta constante y algún dirigente político venía a hablar con algunos médicos en cenas, casi clandestinas, para apaciguar los ánimos. Todo eran promesas. pero las protestas y quejas razonadas continuaban. En
Sevilla nos llamaban Los Coroneles, situándonos como golpistas griegos, cuando todo nuestro interés era el centro, no había connotaciones políticas ni personales en absoluto. La prensa local se hizo eco de nuestras protestas. El propio personal de  mantenimiento advertía del deterioro del túnel de servicios. El menoscabo duró años. La atmósfera se caldeaba cada día y el hospital entero trabajaba muy profesionalmente, pero era muy contestatario. Clamábamos del riesgo. Finalmente, lo que anunciábamos, acabó ocurriendo de forma inexorable en Junio de 1996. Se produjo un incendio en el túnel de servicios y hubo que desalojar el hospital lleno de humo. De repente, nos quedamos sin hospital, que permaneció externalizado en parte durante meses. De nuevo había que partir de cero. La indignación y la
protesta sanitaria fue mayúscula.
Tres días antes del incendio (¿casualidad?) llegó el nefasto señor Temes a la Gerencia del hospital. Venía a apaciguar un hospital conflictivo, levantado en protestas. Se encerró en su despacho, no hablaba con nadie e ideó un plan de suministros de material médico equiparable a un ‘Corte Inglés’ del material médico. sin poder de decisión profesional, al que llamaba pomposamente el modelo Córdoba. La oposición sanitaria fue feroz y tras una lucha abierta y otro artículo de prensa, el señor Temes afortunadamente se marchó y el suministro médico volvió a la normalidad. Fue entonces cuando llegaron gestores más adecuados y se empezaron a realizar las reformas que han durado 28 años.
El hospital se fue consolidando poco a poco y recuperó su pujanza, Continuaron los avances aunque disminuyó el espíritu colaborativo y la producción científica, a pesar de la creación de un instituto de investigación (Imibic). Quizás también palpo en la actualidad el desencanto de los médicos actuales con Sanidad, lo que justifica plenamente las huelgas. Se nos niega un estatuto médico propio que justamente reconozca lo que es una dedicación de entrega en la que no hay horas, la que hicimos gratis nuestra generación.
Fui obligado a jubilarme en octubre del 2016 y no he vuelto a pisar lo que fue mi casa durante 40 años, pero sí he seguido su evolución. Mucho perjudicó la pandemia del Covid 19, a las consultas y a las urgencias, con un estilo de echar balones fuera que antes no existía, impropio de un buen sanitario. Observo cómo la administración no quiere líderes intelectuales en los equipos médicos sino que persigue jefes obedientes a los designios políticos. A sus 50 años de vida, el hospital sigue su camino, pero parece olvidar su propio origen y desarrollo, las historias que lo forjaron. El Reina Sofia es hoy lo que es porque antes fue lo que fue y olvidar esa historia nos parece a muchos imperdonable.
Artículo publicado en el diario ABC de Córdoba el día 09-04-2026

Artículo publicado en el diario ABC de Córdoba el día 09-04-2026