La vida en nuestro planeta ha sido considerada bajo múltiples prismas a lo largo de todos los tiempos.Bueno, lo de todos los tiempos es naturalmente relativo al periodo de nuestro conocimiento, porque la auténtica cronología se remonta mucho más allá, como veremos.

Pero lo cierto es que la consideración que hoy día pudiéramos tener ya no pertenece a un círculo de sabios o filósofos que escriben al respecto. Ya pertenece al ciudadano medio, que ahora si está bien informado, guste o no a los poderes. Cabría pensar si la vida, y puede que la propia consciencia humana, fuese una energía más que sigue las leyes de la física. ¿Podría la vida emergente de la “no vida” parecerse al proceso de cristalización y así ser posible predecir su formación y evolución?. La respuesta es definitivamente no.

Los sistemas biológicos caen entre los dos extremos del comportamiento físico, el cristal y el gas caótico. Una célula viva se distingue por tener una organización interna extraordinariamente compleja. No posee ni la simplicidad del cristal ni el desorden caótico del gas. La vida es un estado de la materia específico y peculiar, con un alto grado de contenido en información.El genoma de la bacteria más pequeña contiene millones de bits de información, información que no está codificada en las leyes de la física. Las leyes de la física se basan en simples relaciones matemáticas expresables con muy poca información. Son leyes universales que aplican sobre todas las cosas, aunque no pueden contener información específica de una clase de sistema físico, como es el organismo vivo. Para entender el alto contenido en información de la vida, debemos reconocer qué es un producto, no solo de las leyes físicas sino de ellas junto a una compleja historia medioambiental.

La vida emergió en el planeta y evolucionó hacia una inmensa complejidad, como resultado de un proceso de cientos de millones de años, requiriendo para ello de un gran número de pasos que implican un procesamiento de la información para transformarse. Un organismo vivo lleva inmersa en él mientras vive los productos de una compleja y convulsa historia de la cual somos el resultado. Una extraña energía que aún persiste en el planeta y que sigue acumulando información que servirá a la vida venidera.

Sea lo que sea esta energía vital que nos impulsa, el ser humano siempre ha tratado de explicar su presencia, su existencia individual y su sentido. ¿Por qué formar parte de la vida, qué sentido tiene  y qué actitud tomar al respecto?. No hay ser humano que no se haya planteado alguna vez esto. Pero en nuestro tiempo, en la segunda década del siglo XXI, esta visión de la vida que podamos tener adquiere mucha más trascendencia, ya que no se trata de profundizar en teorías científicas, filosóficas o religiosas, sino que el futuro muy próximo de la propia vida en el planeta va a depender muy mucho de nuestra consideración y actitud. Aún asumiendo todas las bajezas históricas que podamos recordar a lo largo de los siglos, y aún en nuestro tiempo (quizás peores), el ser humano ha llegado a este momento con una madurez en el conocimiento acumulado que ya no exime al que lo ignora.

La Ciencia, en su conjunto, ha llegado a visiones nunca antes asumidas y la difusión del conocimiento ha adquirido unos cauces que llegan a todas partes. Es pues un momento especial el de aquellos seres vivos que transportamos la antorcha actual. Sé que futuras generaciones, si es que llegan, hablarán del momento crítico que hoy día vivimos, y de las consecuencias que nuestra actitud arrastre. Por primera vez en el curso de la historia, la humanidad puede influir en la evolución de la vida en el planeta y esta capacidad nos puede llevar a la autodestrucción o a alcanzar grandes logros superiores, aunque todo apunte a lo primero.

 

el futuro muy próximo de la propia vida en el planeta va a depender mucho de nuestra consideración y actitud

Pero a los amantes de las ciencias de la vida ya no nos sorprende que la naturaleza emprenda evoluciones que la hacen caer en desvíos o errores sin salida posible. No importa. Ella se recupera y evoluciona en otro sentido a través del tiempo, otra ramificación de mejor adaptación al medio. Ya otras veces ocurrió y la vida en el planeta se rehizo en otras direcciones. Todo aquel camino nos trajo adonde estamos, un tiempo en el que la propia vida evolucionada, la humanidad, piensa sobre ello y sabe y conoce cómo fue el proceso. También sabe cómo la adaptación al medio sigue forjando la evolución de las especies, con la diferencia de que ahora influimos poderosamente en ella.

Un producto de la naturaleza, como fue Darwin, captó en un corto y fugaz espacio vital el mecanismo de lenta evolución que modificaba las ramas de la vida. Todo un gran plan de la naturaleza, oculto por su lentitud a nuestros ojos, por ser siempre todo al largo plazo. Pero hagamos un poco de cronología. Al repasarla, podemos deducir cómo la naturaleza sigue planes que no entendemos y adopta mecanismos inconcebibles para perseguir los mismos. No es posible entender los planes de la naturaleza, pero actualmente puede intuirse en ella la persecución de un fin. Diríamos que hay un plan en marcha (the evolving plan) que necesitaríamos conocer y entender, para facilitar y no entorpecer su ejecución.

Pero veamos antes cómo fue el camino…

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